Nuestra boda en Isla Mauricio – 2

     Cuando llegue al “gazebo” donde se iba a celebrar el enlace y vi a Oscar de espaldas, había llegado el momento y yo ya estaba tranquila, había pasado muchos nervios los últimos días y toda la mañana había sido eterna, parecía que el momento no llegaba nunca. Pero ya estaba ahí y mis nervios habían desaparecido, ¡por fin se iba ha hacer realidad! Comenzó a sonar nuestra canción (Just the way you are, Bruno Mars) y yo me acercaba a Oscar por detrás, el tenía indicaciones de que no se diera la vuelta hasta que llegara a su lado. Y así fue, cuando llegue a su lado se giró y ahí fue donde comenzaron sus nervios, se echó a llorar al verme. Juntos avanzamos hasta el “gazebo” donde nos esperaban el oficiante de la ceremonia que era el juez, Sabeeta nuestra traductora, y Avi nuestro wedding planner que también iba a ejercer de testigo. Los únicos testigos de nuestra boda, fueron ellos tres y dos cámaras que estaban inmortalizando el momento.

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    La ceremonia transcurrió con normalidad, duró como unos 30 minutos, el juez nos leía y Sabeeta nos traducía al español. Oscar y yo habíamos escrito nuestros votos nupciales, y nos tocaba leernos el uno al otro lo que nos habíamos escrito. Empezó Oscar, aunque casi no pudo acabar, se emocionó de nuevo, pero en esta ocasión no solo se emocionó el, nuestra traductora Sabeeta no pudo contener las lágrimas, era la primera boda en español que hacía puesto que allí casi todos los que van a casarse son alemanes. Después leí yo, permanecía tranquila, mis nervios habían desaparecido y estaba disfrutando el momento como una enana, al acabar de leer los votos nos abrazamos, el ambiente se notaba emocionado y era una sensación muy bonita, porque creo que se respiraba el amor que nos tenemos por todas partes.

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     Era el momento del “si, quiero” y de ponernos los anillos, estaba pasando todo muy rápido pero muy intenso, nos pusimos los anillos y llegó el beso… ¡¡Ya éramos marido y mujer!! Solo quedaba firmar y ya estaba hecho, se había cumplido el sueño en un suspiro.

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    La ceremonia había terminado, ahora eran los fotógrafos los que se ocupaban de nosotros, comenzó la sesión de fotos. Lo primero que hicimos fue cortar la tarta, así comieron los allí presentes y a nosotros dos nos trajeron un coctel a cada uno. Primero comenzaron las fotos por los jardines y piscina para terminar con las fotos en la playa.

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     La sesión de fotos fue muy divertida, mucho más de lo que esperábamos, nos hicimos amigos de uno de los fotógrafos y todavía mantenemos el contacto con él siguiéndonos en las redes sociales y hablando de vez en cuando. Se me hizo hasta corta y fue mucho más natural de lo que pensábamos.   A media tarde, nos llevaron a uno de los restaurantes del resort donde podíamos pedir lo que quisiéramos, así hacíamos  tiempo hasta que empezara el atardecer y ya acabar con la sesión de fotos.

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Cuando iban a dar la sesión por terminada, no me lo podía creer, se había pasado el tiempo rapidísimo, ¿pero no pensaban pedirnos que nos metiéramos al agua? Pues no, ellos ya terminaban la sesión. Entonces les preguntamos y les dijimos que queríamos meternos en el agua. Su reacción fue increíble, de asombro y alegría, nos contaban que las novias nunca quieren mojarse el vestido. Ese no era mi caso, era un  vestido que no me iba a poner nunca más y el recuerdo de esas fotos iba a ser para siempre, así que… al agua patos…

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    Ahora si que había terminado la sesión, acabamos completamente mojados. Fue muy divertido y el camino hasta nuestra cabaña también lo fue, la gente nos miraba con nuestros trajes de boda mojados de arriba a abajo y alucinaban, llamábamos un poco la atención, con esas pintas, imposible pasar desapercibidos.

     Ya en nuestra habitación, nos duchamos y cambiamos para acudir a nuestra cena privada. Nos esperaba un camarero para nosotros solos, en un lugar intimo, aislado del resto del mundo. Estaba todo preparado para la ocasión, en un ambiente romántico, con flores y fuego, un menú donde aparecían nuestros nombres, con la fecha del enlace y la cena que íbamos a degustar esa noche.  Ahí vino el fotógrafo ha hacernos la última foto de la noche y ya nadie más nos molestó. La velada fue completamente perfecta.

     Y así es como fue nuestro gran día, todo lo que habíamos imaginado se quedó corto al lado de lo que pudimos vivir, una boda completamente inolvidable.

NUESTRO PRIMER SUEÑO HECHO REALIDAD.

Si quieres saber como continua, te esperamos en el próximo post.

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